Cuando llegué a Potes por primera vez, entendí por qué algunos lugares nunca se olvidan
Potes no es un destino que aparezca en cada lista de «10 pueblos imprescindibles de Cantabria». Y eso, sinceramente, es su mayor regalo. Mientras otros pueblos costeros se ahogan en turismo de fin de semana, Potes respira tranquilo en el corazón del Valle de Liébana, rodeado de montañas que parecen tocarse entre sí, con un río Deva que baja furioso desde las alturas y un tejido medieval que sigue siendo exactamente lo que era hace siglos.
Cuando digo medieval, no exagero. Las torres de Potes—la Torre del Infantado, la Torre de Loja—no son decoración. Son piezas de ajedrez de verdad, viviendas donde la gente real vivió guerras, venganzas y alianzas. Caminar por sus callejuelas es meterse en un túnel del tiempo donde la piedra cuenta historias que nadie escribió.
Qué ver y hacer: más allá del pueblo bonito
Lo obvio primero: pasea lentamente por las calles principales. La Torre del Infantado, construida en el siglo XV, se alza como un guardián silencioso. Entra en la iglesia de San Vicente, donde los frescos antiguos se desmoronan con una belleza que duele. Siéntate en alguna plaza pequeña, toma un café, y mira. Solo mira.
Pero aquí viene lo bueno para quien quiere más: Potes es la puerta a tres lugares que cambian la perspectiva de cualquier viajero.
El Monasterio de Santo Toribio de Liébana está a apenas 5 km. Este lugar no es un museo turístico pulido. Es un monasterio vivo, con monjes que todavía hacen su vida aquí, rodeado de montaña pura. Se dice que aquí se guarda un fragmento de la cruz verdadera. Suena medieval, ¿verdad? Pues lo es. La iglesia románica es sobria, casi severa, exactamente como debe ser una iglesia cuando está hecha para la fe, no para Instagram.
Los Lagos de Covadonga están a menos de 40 km, pero técnicamente caen en Asturias. Desde Potes, la carretera que sube por el Cares es una de las más épicas que existen en la región. Si tienes piernas de caminar, hay rutas increíbles desde Cabrales que bajan hasta Potes. El Pico Urriellu domina todo. Es uno de esos lugares donde comprendes realmente cuán pequeño eres.
El Cañón del Río Cares es donde la naturaleza decidió hacer un escándalo. Una garganta de 400 metros de altura, paredes verticales de caliza, agua que baja como una bestia. La ruta del Cares es clásica, hecha, segura. Pero si quieres verla sin las masas de verano, ve en mayo o septiembre. El río sigue siendo salvaje, pero los turistas están en la playa.
Dónde comer: la montaña en el plato
En Potes comen bien porque la gente todavía sabe lo que significa comer. No es comida para turistas, es comida de verdad.
El Restaurante Casa Cayo es donde deberías ir si quieres entender qué significa la cocina de montaña. El pulpo a feira, los espárragos salvajes cuando es temporada, las angulas locales si tu presupuesto lo permite. María, que atiende, te hablará de cada plato como si fuera su hijo.
Mesón del Queso no es sofisticado, pero es honesto. Comensal tradicional, vinos de la región, quesos de Potes y Cabrales que simplemente no existen en otros lugares. Perfecto para comer sin teatro.
Casa Rafa es más pequeño, más intimo. Ensalada de pera con queso azul, truchas del Deva, postres que parecen recetas de hace cien años. Es el tipo de lugar donde el dueño come con los clientes en la barra.
Dónde dormir: desde lo rústico a lo confortable
Potes tiene opciones para todos los presupuestos, aunque ninguna intenta ser otra cosa que lo que es.
Posada Torre del Infantado: dentro de la torre del siglo XV. Honestamente, despertarse en una habitación con muros de piedra de 500 años es la clase de experiencia que cuesta dinero porque no puedes replicarla en casa.
Hotel de Montaña Peña Remona: más abajo en precio, más auténtico si cabe. Habitaciones simples, desayunos generosos, gente que conoce cada rincón del valle.
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Cómo llegar: la ruta del viaje real
Desde Santander, cuenta unas 2 horas por carretera hacia el sur. La N-627 es directa, aunque la verdadera belleza empieza cuando te acercas al valle. Si vienes desde la costa, hazlo lentamente. Cruza por Unquera, pasa por Cillorigo de Liébana, deja que las montañas vayan creciendo a tu alrededor.
Desde Oviedo, son 2.5 horas por la A-64 y luego por carreteras comarcales. El trayecto es bonito en sí mismo.
El consejo de local que nadie te da
No vayas en agosto. Va lleno, hace calor, y Potes pierde su magia cuando hay masas. Ve en primavera (mayo es perfecto), o en otoño cuando las hojas aún tienen color pero el aire se vuelve limpio.
Dedica al menos 3 días. Uno para el pueblo y el monasterio. Otro para el Cares. Otro para simplemente estar, porque a veces el viaje real es cuando no tienes plan.
Y come donde comes, pide un vermut de barril y conversación con los dueños. Los mejores viajes nunca aparecen en las fotos.

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