Cudillero (Asturias): el pueblo más bonito que nadie te ha contado bien

Un anfiteatro de casas de colores que huele a mar y a salitre

La primera vez que bajé a pie hasta el puerto de Cudillero casi me caigo de rodillas. No por el desnivel —que es considerable, aviso— sino porque el espectáculo que tienes delante es de esos que te dejan sin palabras. Las casas se apilan unas sobre otras como si alguien las hubiera colocado a mano en las laderas de un estrecho desfiladero, pintadas de amarillo, rojo, azul y verde, mirándose en el agua quieta del puerto. Es uno de esos lugares que parece inventado, pero existe de verdad, aquí, en la costa occidental de Asturias.

Cudillero lleva años apareciendo en listas de «pueblos más bonitos de España» y sin embargo sigue siendo uno de esos sitios que la mayoría de la gente conoce solo de foto. Muy poca gente se queda a dormir, muy poca gente baja al muelle antes de las nueve de la mañana cuando los pescadores aún están descargando, y casi nadie sabe que a veinte minutos en coche hay playas que te van a dejar con la boca abierta y casi nadie en ellas. Eso es exactamente lo que te voy a contar.

Qué ver y hacer en Cudillero

El puerto y el casco antiguo: la postal que te cambia el humor

Empieza por el principio: baja despacio por las escaleras y callejuelas que descienden desde la carretera general hasta el puerto. No hay prisa. Las calles son tan estrechas que dos personas apenas caben de frente, y de vez en cuando se abren en pequeñas plazoletas donde hay una señora regando geranios o un gato dormido sobre una barca. El olor cambia según la hora: por la mañana es a café y a bocadillo de calamares fritos; por la tarde, a madera húmeda y algas.

El Mirador de la Atalaya es obligatorio, aunque todo el mundo te lo diga. Hay que subir un poco —sí, otra vez cuesta arriba— pero desde ahí arriba tienes la perspectiva completa del anfiteatro de casas y el puerto. Lleva al atardecer si puedes: la luz anaranjada sobre las fachadas de colores es una de las cosas más bonitas que he visto en años de recorrer esta costa.

La playa de Aguilar y la de Silencio: los secretos que están a diez minutos

Aquí viene la parte que casi nadie te cuenta en las guías oficiales. A unos diez kilómetros hacia el oeste de Cudillero está la Playa de Aguilar, una lengua de arena oscura flanqueada por acantilados y con ese tipo de olas que hacen feliz a cualquier surfista o a cualquiera que simplemente quiera mirarlo todo desde una roca.

Pero si quieres algo verdaderamente fuera del mapa, busca la Playa del Silencio, cerca de Cudillero en dirección a Luarca. Hay que bajar un sendero de unos veinte minutos entre eucaliptos, pero cuando llegas y ves esa herradura de roca perfecta cerrada al viento, con el agua verde esmeralda y apenas un puñado de personas, entiendes por qué tiene ese nombre. No lleva bandera azul ni chiringuito. Lleva bocadillo de casa.

El mercado de los martes

Si organizas bien la visita, intenta que caiga en martes. En el puerto de Cudillero hay un pequeño mercado semanal donde los pescadores y productores locales venden directamente: conservas artesanas de anchoa y bonito, quesos, miel de monte. No es un mercado turístico, es el mercado del pueblo, y eso se nota en los precios y en el ambiente.

Dónde comer en Cudillero

La norma número uno en Cudillero es esta: no comas en el restaurante que tiene el menú en cuatro idiomas y la foto del plato plastificada en la puerta. Hay sitios mejores y más baratos si caminas un poco.

Mi favorito de siempre es La Casona de Pio, en la parte alta del pueblo, donde sirven una merluza a la sidra que parece sencilla y es perfecta precisamente por eso. Sin artificios, con el pescado del día del puerto de abajo. También hacen un arroz con bogavante para compartir que hay que pedir con antelación.

Para un bocado rápido y honesto, baja al Bar El Remo, junto al puerto. El pulpo a feira está bien, los bocartes fritos están muy bien, y la sidra siempre está fría. Pide la mesa de fuera si hay sol y no te muevas de allí hasta que pase la tarde.

Dónde dormir en Cudillero

Quedarse a dormir en Cudillero cambia completamente la experiencia. Cuando los turistas de día se van en el coche, el pueblo recupera su ritmo real: los vecinos sacan las sillas a la calle, los niños juegan en el puerto, y el silencio que entra por la ventana de noche solo lo rompe el sonido del agua. Merece la pena.

Puedes consultar y reservar los mejores alojamientos en https://www.booking.com/region/es/cantabria.es.html?aid=TU_AFFILIATE_ID para toda la zona costera asturiana y cántabra. Dentro del pueblo hay casas rurales y pequeños hoteles con vistas al puerto que se llenan rápido en julio y agosto, así que reserva con tiempo si vas en verano.

Cómo llegar a Cudillero

Cudillero está a unos 60 kilómetros de Oviedo por la A-8 en dirección Avilés-Luarca. En coche es la opción más cómoda porque el pueblo está en un desfiladero y aparcar dentro es prácticamente imposible en temporada alta: usa los aparcamientos en la entrada del pueblo y baja a pie.

También hay tren de Cercanías desde Oviedo y desde Avilés con parada en Cudillero —la estación está arriba, en la carretera general, así que toca bajar andando unos quince minutos hasta el puerto—. Para quienes vienen sin coche es una opción perfecta y bastante frecuente.

Consejo de local: el momento mágico que casi nadie aprovecha

Ven un martes, como te dije, y pon el despertador pronto. A las ocho de la mañana el puerto de Cudillero huele a café, a gasoil de barca y a pescado recién descargado. Hay luz lateral, no hay nadie con cámara de fotos, y los colores de las casas tienen una intensidad que al mediodía se pierde con el sol de frente. Tómate el café en el bar del puerto, mira cómo trabajan, no molestes, y guarda ese momento para ti. Eso no sale en ninguna guía. Ahora ya lo tienes.


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